miércoles, 1 de enero de 2014

Volando de nuevo



   ¿Hay en serio algo más lindo, después de enamorarse, que desenamorarse? Es libertad infinita. Son las alas abiertas en su plenitud y las ganas de explorar a flor de piel. 
    Después de años de encuentros y desencuentros fuimos uno, nos amamos sin prejuicios, disfrutamos del otro, de lo que conformábamos. Pero cuando se fue, tuve una inexplicable sensación. Noté que tan muerto estaba mi amor por él. Tanto que ni respiraba, que lo que acabamos de compartir no me emocionaba ni pretendía repetirlo o imitarlo a ese momento que debía ser "ese" momento. 
    Ahora es un recuerdo más de mis días, nada que me emocione tanto. Tampoco entiendo claramente qué era lo que me generaba expectativas de su persona. Soy libre porque lo amé. Ahora lo adoro solamente. Aprecio el ser que es, aunque en parte lo considero un ente. Y un ente porque era solo un deseo, una expectativa sobre valuada
     Todos estos años me hizo creer que era yo la que lo anhelaba y necesitaba profundamente, pero nunca fue así. Fui muy feliz cuando no estuvo y amaba lo que era cuando él tampoco estaba. El problema fue que me hizo creer que era así, cuando era él quién no podía estar sin mí. Ya fuera por su ego, el hecho de tenerme ahí para admirarlo y cuidarlo de ser necesario o por lo que haya sido. Esa mentira ya no me la creo.
     Incluso ahora me amo más que antes y no sé, tampoco me importa descubrirlo, si mi desenamoramiento es consecuencia de la profundización de mi amor propio o tiene otra causa. La cuestión es que si se dieron al simultáneo o por causa y efecto, tengo que aprovecharlo.
    

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